A los dos años de edad, dando mis primeros pasos, me perdí. Cuando tenía seis, una ola me mantuvo durante unos minutos a la deriva. Hoy sigo caminando sin rumbo.
Encarnada en flâneur, ciberflâneur, phoneur… soy la detective que persigue lo invisible. Desaparezco entre las ondas sonoras, la textura del asfalto, los olores a tierras húmedas y el sabor del mundo.
Soy recolectora de huellas, rastreadora y coleccionista de grietas. Estoy dentro y fuera.
Como una planta de aire o caracola terrestre, voy y vengo pisando tierra. Aunque autóctona de la cueva, soy nómada desde los 17, y hasta hoy, exploradora del abismo.
Hija única y acostumbrada a jugar sola, busco el placer de la diferencia en las colaboraciones fraternales. Y cósmicas.
Transito límites. Me des-limito, des-hago, des-arte.